Corazones Verdes comestibles por toda una ciudad

 

 

¡¡Qué sencillo es sensibilizar a las personas!!!, ¿no os lo parece?

 

¿Cuántas cosas podríamos hacer, sin cambiarnos de casa, para llamar la atención y generar empatías y por qué no envidias, bien entendidas claro, y despertar curiosidad, interés, promover relaciones de vecindad?

 

Me explico. Si lleno mi balcón de plantas, seguro que mis vecinas me van a preguntar por ellas y podemos regalarles una, intercambiar más adelante semillas, organizar meriendas con productos caseros, y ecológicos, claro estos los llevamos nosotros y la red, la tela de araña sigue creciendo y lo que empezó como una afición privada, que no sobresalía de tu balcón, ha contagiado a toda la calle y todos los balcones tienen ahora alguna planta y luego verduras ecológicas y…… Llegados a este punto ya no importa quién empezó a tejer la tela, lo que importa ahora es disfrutar del proceso, de las sinergias que se han creado y de la ayuda mutua que todo esto genera….

 

¿Es una utopía?  Y si lo fuese no veo nada de malo en ello. Las utopías generan ilusión por conseguirlas, por vivir el proceso, recorrer un camino, sin un fin claro predeterminado.

 

¡¡Qué bellas las palabras de Eduardo Galeano describiendo una utopía!!

La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.

 

Esta iniciativa que comparto con todos es un ejemplo más de lo que en Corazón Verde, llamamos «educación ambiental por la puerta de atrás», pero sobre todo significa que pequeñas acciones, aparentemente sin importancia pueden tener una tremenda repercusión.

 

¿Qué os parece la iniciativa?

http://tiempodeactuar.es/blog/historia-inspiradora-increibles-y-comestibles/

 

 

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