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Las Claves del riego

Existen varios métodos
de riego aplicables en xerojardinería. Se elige uno
u otro en función
de las necesidades hídricas de la zona a regar. Lo
ideal es establecer diferentes zonas de riego (hidrozonas)
en función de dichas necesidades. Hay que limitar,
en la medida de lo posible las áreas de césped,
reduciéndolas y sustituyéndolas por plantas
tapizantes que requieran pocas necesidades de agua,
El
riego manual
Es una forma de
riego útil para zonas que necesitan aportaciones de
agua en momentos puntuales o plantas recientemente transplantadas.
La efectividad de este sistema de riego depende mucho de la
pericia de la persona que riega. Si el riego se efectúa
con cuidado, este tipo de riego es más eficaz que el
riego por aspersión en cuanto a consumo.

El
riego por aspersión
Distribuye el agua
una vez pulverizada en forma de lluvia artificial que cae
a la superficie del suelo humedeciéndolo de forma uniforme.
Es aconsejable en zonas de césped o similares. En función
de la superficie a regar, elegiremos aspersores o difusores.

El riego localizado
El agua se aplica en puntos concretos
del suelo, de modo que sólo se humedece una parte del
mismo.
A la vez que se reduce la evaporación de agua, este
sistema permite aportar a cada planta la cantidad exacta de
agua, con lo cual el ahorro es considerable (de 2 a 5 veces
menos que la aspersión).
El riego localizado puede efectuarse
mediante goteros o por microaspersión.
En el riego por goteo
el agua se aplica a la planta mediante goteros, que riegan
gota a gota, a baja presión. Existen varios modelos,
aunque el más versátil es el gotero autocompensante.
En el riego por microaspersión
pueden utilizarse microaspersores y microdifusores, que tienen
un funcionamiento similar al de los aspersores y difusores,
pero son más pequeños y su radio de acción
es menor.
Consejos
para regar
• Es conveniente regar en las horas
de menos calor (por la mañana o al atardecer).
• Si se dispone de un sistema de riego localizado
automatizado, se puede incorporar un sensor de lluvia
y un sensor de humedad para no regar cuando
no haga falta.
• Plantar los árboles y arbustos a principios
de otoño. De esta manera las raíces tienen
más tiempo de penetrar en el suelo
y prepararse para afrontar el verano.
• Es muy importante aprovechar el agua de lluvia
que cae sobre los tejados y los patios almacenándola
bien en depósitos o bien en aljibes
para su posterior aprovechamiento en el riego.
• Hay que procurar no colocar árboles o
arbustos en zonas de césped, ya que dificultan
el riego uniforme y además, no necesitan
tanta agua como el césped.
• Regar árboles y arbustos pocas veces
aunque con generosidad. Las plantas desarrollan sus
raíces a mayor profundidad con lo
que resisten mejor la sequía.
• Los árboles y arbustos recién
plantados necesitan riegos frecuentes. Sin embargo,
una vez que han enraizado bien (aproximadamente
en un par de años), los riegos serán cada
vez menos necesarios. En muchos casos bastará
con tres o cuatro riegos en el verano, y algunas especies
no necesitarán riego alguno.
• Utilizar los goteros llamados "autocompensantes"
siempre que nuestra economía lo permita, ya que,
aunque más caros, suelen durar más
y nos aseguran una distribución más regular
del agua.
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